viernes, 13 de julio de 2012


EL CEREBRO: PROTAGONISTA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA

“No nacimos para leer.  Los seres humanos inventamos la lectura hace apenas unos milenios”

Con esta frase Wolf inicia el recorrido por la historia de la escritura y las modificaciones del cerebro para asumir este importante invento de la humanidad, quizá el más significativo de nuestra historia. Wolf nos habla de lo que ella llama “el cerebro lector” y su capacidad de rediseñarse y establecer nuevas conexiones para lograr el aprendizaje de nuevas habilidades que no son  innatas como lo son el habla o la visión, esta capacidad del cerebro de organizar rutas nuevas la llama “plasticidad”. Explica también la asombrosa capacidad de relacionar las letras (lo que ve) con los sonidos (lo que oye) y sus significados (lo que sabe) inmediatamente entran al cerebro. Nos dice que: “la visión y el habla están determinadas genéticamente, mientras que la lectura no” por tanto el cerebro sufre una organización enmarcada básicamente en tres aspectos, primero, establece diversas conexiones; segundo, crea áreas especializadas para la nueva función; y por último aprende y relaciona la información.

Antes de pasar a la parte más histórica, Wolf hace algunas observaciones con respecto al proceso de lectura a temprana edad, primero resalta que el proceso histórico tardo casi dos mil años y actualmente el niño tiene que aprender el dominio de la letra en aproximados dos mil días,  además dice que está demostrado que el aprendizaje empieza desde que se tiene el niño en brazos y se le lee;  y segundo, con respecto a la dislexia, es un problema que sorprende cada vez más dado que curiosamente grandes mentes como inventores, empresarios y artistas han padecido dicho mal y sin embargo han logrado ser hitos en sus áreas de conocimiento.

Adentrándose a los inicios históricos de la escritura, Wolf habla de tres manifestaciones, la primera, una nueva forma de representación simbólica; la segunda, la comprensión del hombre de que se puede utilizar un sistema de símbolos para comunicarse a través el tiempo; y la tercera, una manifestación que no se dio en todas partes, la correspondencia símbolo sonido.
Entre el 8000 y 4000 a. C. se utilizaron pequeños trozos de arcilla con marcas que representaron el primer esfuerzo por representar letras y cantidades, de hecho Wolf dice “el desarrollo de los números y de las letras estimuló tanto la economía antigua como las habilidades intelectuales de nuestros antepasados”, luego de este primer avance existió otro avance enmarcado en el sistema de escritura cuneiforme de los sumerios y su evolución hasta lograr ser un sistema que representaba silabas, y el sistema jeroglífico de los egipcios que evolucionó hasta ser un sistema mixto en el que no solo se veían signos logográficos sino signos especiales para los fonemas.

Luego del análisis sobre el origen de la escritura Wolf se dirige a un tema de más profundidad, el surgimiento de alfabeto, habla sobre las escrituras Wadi el-Hol encontradas en Egipto que pudo ser el primer alfabeto pero de él hay una escasez de escritos que dificulta un mejor análisis, por lo tanto fue el sistema ugarítico, posterior al Wadi el-Hol, el que ha sido el mejor candidato para ser el “primer alfabeto” por ser tanto silábico como alfabético. A raíz de los anteriores descubrimientos se ha llegado a la pregunta clave, ¿Qué crea un alfabeto? A lo que Eric Havelock establece tres criterios para la definición de alfabeto: que tenga un número limitado de letras o caracteres, que éstos logren expresar las unidades mínimas de sonido y que haya correspondencia entre cada fonema y cada signo del alfabeto.
Wolf continuando con el tema del alfabeto nos habla de tres supuestas contribuciones del alfabeto al cerebro y su forma de pensar:

La primera, dice que el alfabeto es más eficaz que los demás sistemas de escritura; se asume que la eficacia radica en la economía de caracteres, sin embargo, luego de algunas investigaciones se encuentra que los lectores chinos leen con igual fluidez teniendo que conocer miles de caracteres diferentes, todo gracias a las áreas del cerebro que se encargan de todo el proceso que claramente son diferentes de acuerdo al sistema de escritura.

La segunda contribución, el alfabeto es un mejor estímulo para las nuevas ideas, resulta que el estudioso Havelock en compañía del psicólogo David Olson plantearon que “al liberar a la gente del esfuerzo requerido por una tradición verbal, la eficacia del alfabeto estimuló el pensamiento novedoso ” sin embargo Wolf da una pequeña vuelta a esta hipótesis diciendo que no es el alfabeto el que logra la generación de ideas, sino que al poder acceder a las ideas de los demás, el hombre puede encubar muchas nuevas y en algunos casos mejores ideas.

La tercera contribución, el alfabeto facilita el aprendizaje de la lectura porque incrementa la conciencia del habla, aquí se muestra que el conocimiento, en principio complejo, de la lengua y su posibilidad de articularse en distintos fonemas genera una mayor posibilidad de comprensión del habla.
Además del análisis histórico e investigativo del alfabeto y la escritura en general, Wolf se aventuró un poco en la vida de un gran pensador, Sócrates, cuyos cuestionamientos son de gran importancia para tema del que estamos hablando; este filósofo Ateniense  planteó fundamentalmente tres objeciones hacia la lengua escrita:

La primera, la rigidez de la lengua escrita, Sócrates creía que el “discurso vivo” (lengua oral) se componía de entidades dinámicas como la entonación, el sonido, el ritmo, en general entidades que podían analizarse a profundidad y darles significado, y que el “discurso muerto” (lengua escrita) carecía de tales elementos que le daban identidad a lo que se decía y que por tanto “la rígida mudez de la palabra escrita condenaba al fracaso el proceso de diálogo que Sócrates considera la esencia de la educación”.

Su segunda objeción, la destrucción de la memoria, tal vez la predicción más acertada que pudo haber dicho este filósofo, lo cierto es que el lenguaje escrito da la posibilidad al hombre de olvidar cierta información con la certeza de encontrarla de nuevo “en la Guatemala moderna, los mayas comentan que los forasteros anotan cosas no para  recordarlas sino más bien  para no recordarlas”. (Nicholas Ostler) hecho que se hace más presente en la actualidad con la nueva “cybercultura” donde todo el mundo tiene acceso a un dispositivo móvil en el cual puede buscar información y olvidarla a los pocos segundos.
La tercera objeción de Sócrates, la pérdida de control sobre el lenguaje, “una vez que se difundiera el lenguaje escrito, no habría control sobre lo que se escribiera, quien lo leyera ni cuantos lectores pudieran interpretarlo”.

En la segunda parte  del libro, Maryanne Wolf da a conocer el proceso evidenciado que se da desde la infancia en torno a la lectura, el papel que desempeña generar interés en el niño a partir de textos que se leen en el hogar para que él pueda tener la iniciativa a temprana edad de leer sobre lo que le llame la atención. Wolf dice: “los niños pequeños aprenden a experimentar nuevos sentimientos por medio de su contacto con la lectura”, el periodo de la infancia plantea esta autora, es uno de los más importantes, ya que sienta las bases para el desarrollo de las habilidades cognitivas que un ser humano puede adquirir y qué mejor medio de aprendizaje socio cultural que el lenguaje propio que cada libro tiene para crear aprendizaje y enseñanzas a cualquier sujeto.

Cada niño aprende de manera similar a otros la habilidad de leer, esta no es innata al ser humano sino que viene siendo como dice la autora un proceso que inicia cuando el cerebro del hombre reconoce las formas e instala el alfabeto y sus fonemas como algo que es un patrón constante, luego reconoce y nombra los objetos, recursos mentales que utiliza el cerebro para conectar las áreas visuales a las áreas encargadas del lenguaje; Y es que, a pesar de que la lectura ha revolucionado la cultura de nuestra especie, la aptitud de nuestro cerebro para aprender a leer no viene de serie, no es un producto de la selección natural, tenemos que enseñarle a nuestra mente a traducir los caracteres simbólicos que ven nuestros ojos a un lenguaje que podemos entender.

Hoy en día nuestra cultura instaura cada vez más el afán innecesario de enseñarle a los niños a leer para que adelanten procesos de lectoescritura cuando no es necesario, Maryanne Wolf dice: “…esforzarse demasiado en enseñar a leer a un niño antes de los 4 o 5 años es biológicamente precipitado y potencialmente contraproducente en muchos casos”; se puede ver que ya los niños de las escuelas en nuestra ciudad entran a estudiar desde muy pequeños, no es prudente enseñarles a leer desde tan temprano sin tener un tiempo para que ellos tomen la iniciativa de hacerlo por si solos, y que es muy frecuente también, encontrarse con pequeños que han crecido con represión hacia los textos y esto les crea dificultades a la hora de leer cuando se es más adulto.

Una de las ideas principales de esta segunda parte del libro es que como seres humanos tendemos a estar en constante cambio, desde nuestro cerebro hasta la forma en cómo vivimos en esta cultura, a medida que el sujeto lee, el cerebro está en constante trasformación tanto a nivel social, como psicológico e intelectualmente. Aunque los escritores no tienen una tarea objetiva sobre lo que se quiere del lector, los escritos independientemente del tema que traten siempre tiene un impacto en los receptores y de igual manera promueven la cultura porque crean procesos de simbolismos.

Por otra parte la autora del texto nos habla sobre la carencia de las herramientas para el aprendizaje de la lectura y por ende de la escritura en algunas familias, esto lleva a que los niños tengan un bagaje léxico y crezcan carentes de conocimiento sobre el mundo.
Wolf en su libro nos muestra como muchos niños no aprenden a leer con fluidez por causa de algunos problemas como la dislexia.  En ocasiones son problemas desconocidos que no son tratados, precisamente por su desconocimiento.

“Durante los tres primeros cursos el niño aprende a leer y, en los siguientes, lee  para aprender”. Es lo que nos menciona Wolf resumiendo  el planteamiento sobre el porcentaje de los niños de nueve años que no aprenden a con fluidez.
El hecho de que los niños no aprendan a leer  totalmente puede atribuirse a que se desenvuelven en un entorno pobre de vocabulario y también a que tal vez tengan problemas que aún no se les han diagnosticado. Wolf dice que tener tanto porcentaje de niños “con un rendimiento por debajo de su capacidad es un terrible desperdicio de potencial humano”. A esto lo llama un “agujero negro”.

Wolf distingue a dos clases de lectores: el lector fluido y el lector experto. El primero es el que “acumula conocimiento y está preparado para aprender de cualquier fuente”. Para éstos, leer literatura fantástica es perfecto para su proceso de sumersión en el texto. Richard Vacca describe la transición de las capas superficiales del texto hasta dicha sumersión en él como el paso de “descifrador fluido” a “lector estratégico”. Éste es el lector que decide lo verdaderamente importante, saca conclusiones y corrige la mala interpretación del texto. Wolf establece que el cerebro lector fluido desarrolla más su capacidad para descifrar y comprender. Con el tiempo obtiene experiencia en otras habilidades que ayudan a desarrollar esa comprensión fluida.

El segundo, el lector experto, es el que tarda solo medio segundo en leer una palabra. El leer de forma experta, cambia la manera que tenemos de leer, la atención que ponemos a un texto, hacemos algunos aportes cognitivos e impacta nuestra experiencia vital. “Leer cambia nuestra vida y nuestra vida cambia la lectura” Escribe Wolf.

La interacción entre el texto y nuestras experiencias de vida son recíprocas, puesto que  aportamos al texto y el texto cambia nuestra experiencia vital.
Wolf concluye: “el final del desarrollo de la lectura no existe, la historia interminable de la lectura prosigue siempre, dejando que el ojo, la lengua, la palabra y el autor busque un nuevo lugar, desde el que la verdad surja, verde y lozana cambiado al cerebro lector y al lector en cada ocasión”.

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