EL CEREBRO: PROTAGONISTA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA
“No nacimos para leer. Los seres humanos inventamos la lectura hace
apenas unos milenios”
Con esta frase Wolf inicia el
recorrido por la historia de la escritura y las modificaciones del cerebro para
asumir este importante invento de la humanidad, quizá el más significativo de
nuestra historia. Wolf nos habla de lo que ella llama “el cerebro lector” y su
capacidad de rediseñarse y establecer nuevas conexiones para lograr el
aprendizaje de nuevas habilidades que no son innatas como lo son el habla o la visión, esta
capacidad del cerebro de organizar rutas nuevas la llama “plasticidad”. Explica
también la asombrosa capacidad de relacionar las letras (lo que ve) con los
sonidos (lo que oye) y sus significados (lo que sabe) inmediatamente entran al
cerebro. Nos dice que: “la visión y el habla están determinadas genéticamente,
mientras que la lectura no” por tanto el cerebro sufre una organización
enmarcada básicamente en tres aspectos, primero, establece diversas conexiones;
segundo, crea áreas especializadas para la nueva función; y por último aprende
y relaciona la información.
Antes de pasar a la parte más
histórica, Wolf hace algunas observaciones con respecto al proceso de lectura a
temprana edad, primero resalta que el proceso histórico tardo casi dos mil años
y actualmente el niño tiene que aprender el dominio de la letra en aproximados
dos mil días, además dice que está
demostrado que el aprendizaje empieza desde que se tiene el niño en brazos y se
le lee; y segundo, con respecto a la
dislexia, es un problema que sorprende cada vez más dado que curiosamente
grandes mentes como inventores, empresarios y artistas han padecido dicho mal y
sin embargo han logrado ser hitos en sus áreas de conocimiento.
Adentrándose a los inicios históricos
de la escritura, Wolf habla de tres manifestaciones, la primera, una nueva
forma de representación simbólica; la segunda, la comprensión del hombre de que
se puede utilizar un sistema de símbolos para comunicarse a través el tiempo; y
la tercera, una manifestación que no se dio en todas partes, la correspondencia
símbolo sonido.
Entre el 8000 y 4000 a. C. se
utilizaron pequeños trozos de arcilla con marcas que representaron el primer
esfuerzo por representar letras y cantidades, de hecho Wolf dice “el desarrollo
de los números y de las letras estimuló tanto la economía antigua como las
habilidades intelectuales de nuestros antepasados”, luego de este primer avance
existió otro avance enmarcado en el sistema de escritura cuneiforme de los
sumerios y su evolución hasta lograr ser un sistema que representaba silabas, y
el sistema jeroglífico de los egipcios que evolucionó hasta ser un sistema
mixto en el que no solo se veían signos logográficos sino signos especiales
para los fonemas.
Luego del análisis sobre el origen de
la escritura Wolf se dirige a un tema de más profundidad, el surgimiento de
alfabeto, habla sobre las escrituras Wadi el-Hol encontradas en Egipto que pudo
ser el primer alfabeto pero de él hay una escasez de escritos que dificulta un
mejor análisis, por lo tanto fue el sistema ugarítico, posterior al Wadi el-Hol,
el que ha sido el mejor candidato para ser el “primer alfabeto” por ser tanto
silábico como alfabético. A raíz de los anteriores descubrimientos se ha
llegado a la pregunta clave, ¿Qué crea un alfabeto? A lo que Eric Havelock
establece tres criterios para la definición de alfabeto: que tenga un número
limitado de letras o caracteres, que éstos logren expresar las unidades mínimas
de sonido y que haya correspondencia entre cada fonema y cada signo del
alfabeto.
Wolf continuando con el tema del
alfabeto nos habla de tres supuestas contribuciones del alfabeto al cerebro y
su forma de pensar:
La primera, dice que el alfabeto es
más eficaz que los demás sistemas de escritura; se asume que la eficacia radica
en la economía de caracteres, sin embargo, luego de algunas investigaciones se
encuentra que los lectores chinos leen con igual fluidez teniendo que conocer
miles de caracteres diferentes, todo gracias a las áreas del cerebro que se
encargan de todo el proceso que claramente son diferentes de acuerdo al sistema
de escritura.
La segunda contribución, el alfabeto
es un mejor estímulo para las nuevas ideas, resulta que el estudioso Havelock
en compañía del psicólogo David Olson plantearon que “al liberar a la gente del
esfuerzo requerido por una tradición verbal, la eficacia del alfabeto estimuló
el pensamiento novedoso ” sin embargo Wolf da una pequeña vuelta a esta
hipótesis diciendo que no es el alfabeto el que logra la generación de ideas,
sino que al poder acceder a las ideas de los demás, el hombre puede encubar
muchas nuevas y en algunos casos mejores ideas.
La tercera contribución, el alfabeto
facilita el aprendizaje de la lectura porque incrementa la conciencia del
habla, aquí se muestra que el conocimiento, en principio complejo, de la lengua
y su posibilidad de articularse en distintos fonemas genera una mayor
posibilidad de comprensión del habla.
Además del análisis histórico e
investigativo del alfabeto y la escritura en general, Wolf se aventuró un poco
en la vida de un gran pensador, Sócrates, cuyos cuestionamientos son de gran
importancia para tema del que estamos hablando; este filósofo Ateniense planteó fundamentalmente tres objeciones hacia
la lengua escrita:
La primera, la rigidez de la lengua
escrita, Sócrates creía que el “discurso vivo” (lengua oral) se componía de
entidades dinámicas como la entonación, el sonido, el ritmo, en general
entidades que podían analizarse a profundidad y darles significado, y que el
“discurso muerto” (lengua escrita) carecía de tales elementos que le daban
identidad a lo que se decía y que por tanto “la rígida mudez de la palabra
escrita condenaba al fracaso el proceso de diálogo que Sócrates considera la
esencia de la educación”.
Su segunda objeción, la destrucción de
la memoria, tal vez la predicción más acertada que pudo haber dicho este filósofo,
lo cierto es que el lenguaje escrito da la posibilidad al hombre de olvidar
cierta información con la certeza de encontrarla de nuevo “en la Guatemala moderna, los mayas comentan que los forasteros anotan
cosas no para recordarlas sino más bien para no recordarlas”. (Nicholas Ostler) hecho
que se hace más presente en la actualidad con la nueva “cybercultura” donde
todo el mundo tiene acceso a un dispositivo móvil en el cual puede buscar
información y olvidarla a los pocos segundos.
La tercera objeción de Sócrates, la
pérdida de control sobre el lenguaje, “una vez que se difundiera el lenguaje
escrito, no habría control sobre lo que se escribiera, quien lo leyera ni
cuantos lectores pudieran interpretarlo”.
En la segunda parte del libro, Maryanne Wolf da a conocer el
proceso evidenciado que se da desde la infancia en torno a la lectura, el papel
que desempeña generar interés en el niño a partir de textos que se leen en el
hogar para que él pueda tener la iniciativa a temprana edad de leer sobre lo
que le llame la atención. Wolf dice: “los niños pequeños aprenden a
experimentar nuevos sentimientos por medio de su contacto con la lectura”, el
periodo de la infancia plantea esta autora, es uno de los más importantes, ya
que sienta las bases para el desarrollo de las habilidades cognitivas que un
ser humano puede adquirir y qué mejor medio de aprendizaje socio cultural que
el lenguaje propio que cada libro tiene para crear aprendizaje y enseñanzas a
cualquier sujeto.
Cada niño aprende de manera similar a
otros la habilidad de leer, esta no es innata al ser humano sino que viene
siendo como dice la autora un proceso que inicia cuando el cerebro del hombre
reconoce las formas e instala el alfabeto y sus fonemas como algo que es un
patrón constante, luego reconoce y nombra los objetos, recursos mentales que
utiliza el cerebro para conectar las áreas visuales a las áreas encargadas del
lenguaje; Y es que, a pesar de que la lectura ha revolucionado la cultura de
nuestra especie, la aptitud de nuestro cerebro para aprender a leer no viene de
serie, no es un producto de la selección natural, tenemos que enseñarle a nuestra mente a
traducir los caracteres simbólicos que ven nuestros ojos a un lenguaje que
podemos entender.
Hoy en día nuestra cultura instaura cada vez más
el afán innecesario de enseñarle a los niños a leer para que adelanten procesos
de lectoescritura cuando no es necesario, Maryanne Wolf dice: “…esforzarse
demasiado en enseñar a leer a un niño antes de los 4 o 5 años es biológicamente
precipitado y potencialmente contraproducente en muchos casos”; se puede ver
que ya los niños de las escuelas en nuestra ciudad entran a estudiar desde muy
pequeños, no es prudente enseñarles a leer desde tan temprano sin tener un
tiempo para que ellos tomen la iniciativa de hacerlo por si solos, y que es muy
frecuente también, encontrarse con pequeños que han crecido con represión hacia
los textos y esto les crea dificultades a la hora de leer cuando se es más
adulto.
Una de las ideas principales de esta
segunda parte del libro es que como seres humanos tendemos a estar en constante
cambio, desde nuestro cerebro hasta la forma en cómo vivimos en esta cultura, a
medida que el sujeto lee, el cerebro está en constante trasformación tanto a
nivel social, como psicológico e intelectualmente. Aunque los escritores no
tienen una tarea objetiva sobre lo que se quiere del lector, los escritos
independientemente del tema que traten siempre tiene un impacto en los
receptores y de igual manera promueven la cultura porque crean procesos de simbolismos.
Por otra parte la autora del texto nos
habla sobre la carencia de las herramientas para el aprendizaje de la lectura y
por ende de la escritura en algunas familias, esto lleva a que los niños tengan
un bagaje léxico y crezcan carentes de conocimiento sobre el mundo.
Wolf en su libro nos muestra como
muchos niños no aprenden a leer con fluidez por causa de algunos problemas como
la dislexia. En ocasiones son problemas
desconocidos que no son tratados, precisamente por su desconocimiento.
“Durante los tres primeros cursos el
niño aprende a leer y, en los siguientes, lee
para aprender”. Es lo que nos menciona Wolf resumiendo el planteamiento sobre el porcentaje de los
niños de nueve años que no aprenden a con fluidez.
El hecho
de que los niños no aprendan a leer
totalmente puede atribuirse a que se desenvuelven en un entorno pobre de
vocabulario y también a que tal vez tengan problemas que aún no se les han
diagnosticado. Wolf dice que tener tanto porcentaje de niños “con un
rendimiento por debajo de su capacidad es un terrible desperdicio de potencial
humano”. A esto lo llama un “agujero negro”.
Wolf
distingue a dos clases de lectores: el lector fluido y el lector experto. El
primero es el que “acumula conocimiento y está preparado para aprender de
cualquier fuente”. Para éstos, leer literatura fantástica es perfecto para su
proceso de sumersión en el texto. Richard Vacca describe la transición de las
capas superficiales del texto hasta dicha sumersión en él como el paso de
“descifrador fluido” a “lector estratégico”. Éste es el lector que decide lo
verdaderamente importante, saca conclusiones y corrige la mala interpretación
del texto. Wolf establece que el cerebro lector fluido desarrolla más su
capacidad para descifrar y comprender. Con el tiempo obtiene experiencia en
otras habilidades que ayudan a desarrollar esa comprensión fluida.
El
segundo, el lector experto, es el que tarda solo medio segundo en leer una
palabra. El leer de forma experta, cambia la manera que tenemos de leer, la
atención que ponemos a un texto, hacemos algunos aportes cognitivos e impacta
nuestra experiencia vital. “Leer cambia nuestra vida y nuestra vida cambia la
lectura” Escribe Wolf.
La
interacción entre el texto y nuestras experiencias de vida son recíprocas,
puesto que aportamos al texto y el texto
cambia nuestra experiencia vital.
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