jueves, 9 de agosto de 2012


“ECHAMOS DE MENOS NUESTRO VIEJO CEREBRO”

Como seres humanos tenemos la capacidad de crear, en parte, la civilización es ahora el resultado de todas las tecnologías que utilizamos, éstas ayudan bastante en nuestro diario vivir, pero siempre que aparece una nueva tecnología quedamos absorbidos por ella.

Todas las herramientas que hemos puesto a nuestra disposición, las hemos escogido para buscar ampliar nuestro poder sobre lo que nos rodea, unas para aumentar nuestra fuerza y resistencia físicas, otras para extender el alcance o sensibilidad de nuestros sentidos, también hemos utilizado herramientas para remodelar la naturaleza y así satisfacer mejor nuestras necesidades y deseos, por último también están las “tecnologías intelectuales” que incluyen toda herramienta que utilizamos para ampliar nuestra capacidad mental y la capacidad de memoria.

Todas las tecnologías así como las herramientas que hemos desarrollado, han cambiado nuestro cerebro y han influido en gran medida sobre qué y cómo pensamos hoy en día.
Tenemos al alcance de nuestras manos información de todo tipo, el internet como dice Nicholas Carr nos ha proporcionado un banquete, “un plato tras otro, cada uno más apetecible que el anterior, sin apenas recuperar el aliento entre bocado y bocado”. Estamos acostumbrados ya a esperar lo nuevo que vendrá de la tecnología digital, surgen las ansias en los consumidores de encontrar cada vez más facilidad de navegar y encontrar aplicaciones que ahorran aún más acciones que el hombre quiere volver más sencillas.

“Ahora mi concentración empieza a disiparse después de una página o dos”, dice Carr en su obra, haciendo referencia a cómo nuestra sociedad se ha limitado a hacer muchas de las cosas que se hacían en lugares como las bibliotecas, como leer de corrido varios libros sin ningún pretexto, aunque existía la dificultad de no encontrar todos los libros que se necesitaban, cada persona se adentraba a los libros y los devoraba de tal manera que no le quedaba otra opción más que leerlos. Nos hemos acostumbrado hoy a leer mucho pero con poca extensión, nos surge la necesidad de leer de todo tipo de temas y eso enriquece nuestra inteligencia, pero hoy es difícil concentrarse en leer una sola cosa por mucho tiempo en un ordenador, la Web se ha convertido en el medio de información y comunicación preferido  por las personas y es éste mismo el que nos distrae.

El autor de este libro, da a entender  en esta primera parte que nuestro cerebro se ha ido modificando con el desarrollo de las herramientas que hemos adecuado a nuestro estilo de vida, nuestro cerebro está cada vez más atento a recibir nueva información porque así lo hemos acostumbrado con la internet, a actualizarlo cada día, es un “procesador de información”.

Nuestro cerebro es una máquina potente, que tiene la capacidad de ser moldeado y es capaz de autorregularse, todos nuestros circuitos neuronales, ya sea que se ocupen de sentir, ver, oír, moverse, pensar, aprender, percibir o recordar, están sometidos a cambios; podemos pensar que como seres que hemos evolucionado, hemos cambiado nuestras maneras de ver el mundo dependiendo de la época, ahora con todo lo que podemos hacer, es menos lo que hacemos y más los malentendidos que se han creado respecto a cómo vivimos y como hemos tomado poder de muchas de las cosas que no deberíamos concebir como nuestras, hemos dispersado los fines de las herramientas que se han desarrollado y hemos olvidado cómo ha sido nuestro desarrollo, ¿será que hoy podemos hablar de una evolución del hombre?.

Nuestro cerebro, como demuestran las evidencias científicas e históricas, cambia en respuesta a nuestras experiencias, y la tecnología que usamos para encontrar, almacenar y compartir información puede, literalmente, alterar nuestros procesos neuronales. Además, cada tecnología de la información conlleva una ética intelectual. Así como el libro impreso servía para centrar nuestra atención, fomentando el pensamiento profundo y creativo, Internet fomenta el picoteo rápido y distraído de pequeños fragmentos de información de muchas fuentes. Su ética es una ética industrial, de la velocidad y la eficiencia.

nos muestra la historia de cómo ha trascendido y atravesado el libro por varias transformaciones, desde sus inicios, hasta lo más actual para llegar a ser lo que es hoy en día, tanto el libro en físico como un libro online.  Cabe añadir a esto que nuestros antecesores trataron de derrocar al libro de mil maneras y aun con toda la innovación que aparecía y sigue apareciendo actualmente y lo único que ha resultado de ello, son intentos fallidos. Aunque la tecnología ahora nos rodee y esté con nosotros en todas partes, las mayoría de los lectores habituales prefieren leerse un libro como tal (lomo, pasta, hojas) que leerse un libro online; de alguna manera esto se nos complica debido a que en los en estos sitios web, donde se dispone del libro, hay muchas distracciones y no logramos colocar toda nuestra atención en él como lo  es habitual.

Partiendo de todo lo que implica esta era digital, nos encontramos también un aspecto interesante que caracteriza mucho al ser humano de hoy y de su vida como tal, que es el tener que vivir realizando muchas tareas al mismo tiempo. Carr en su libro hace referencia a algunos experimentos realizados que nos confirman que estar haciendo varias cosas a la vez no nos hace más inteligentes, ni tampoco facilita que hagamos cada cosa con eficiencia e incluso nuestro nivel de concentración es muy bajo.

Al estar tan digitalizados y abiertos a lo nuevo, a la innovación, no nos damos cuenta de todo el tiempo que perdemos empleando todas estas nuevas tecnologías. Nos hemos sumergido por completo en este mundo y ahora los momentos en los que leíamos un libro, un artículo en el periódico, o simplemente los pasábamos con nuestra familia, un sinfín de actividades que solíamos hacer y que considero, valen la pena, se han reemplazado por algunas horas “desconectados” del mundo, de lo que hay afuera y también de lo que hay adentro.

Que tan malo puede llegar a ser apoyarnos en la web para evitar retener tanta información en nuestra memoria, lo cierto es, que a pesar de que Sócrates se preocupara tanto por eso, algo que nunca pudo proyectar en su mente, es que al tener información flotando escrita por todas partes, nosotros solo nos tenemos que preocupar por recordar donde encontrarla y esto representa una gran ventaja a la hora de adquirir conocimiento y poder tener más y mejores ideas y opiniones.

Sin embargo este mundo del conocimiento flotante en la web no es del todo perfecto, es más bien un sueño utópico; lo que ocurre dentro de nuestro cerebro y que nos diferencia con la inteligencia artificial, es que la información que nos llega tiene que ser recogida y asimilada con cierto tiempo de espera para su procesamiento, mientras que en la inteligencia artificial simplemente se recoge y guarda información, el asunto con esto es que cuando no damos tiempo al cerebro para asimilar la información, esta, es fácilmente remplazada por otra que llega inmediatamente, “la clave para la consolidación de la memoria es la atención”; y ahí, señoras y señores, está el problema de la web, ésta no permite que nuestra atención se enfoque en un solo punto, sino que nos mantiene de salto en salto y con innumerables distractores que hace que la información “entre por un oído y salga por el otro”, como nos decían nuestras madres.

El reto queda en reconocer que las tecnologías como todo, tiene pros y contras, y que toda herramienta es y será siempre un objeto útil, pero el exceso y la dependencia puede convertirlas en armas fácilmente y el internet en especial puede atentar contra nuestras mentes y convertirnos en “superficiales”.

viernes, 13 de julio de 2012


EL CEREBRO: PROTAGONISTA DE LA EVOLUCIÓN HUMANA

“No nacimos para leer.  Los seres humanos inventamos la lectura hace apenas unos milenios”

Con esta frase Wolf inicia el recorrido por la historia de la escritura y las modificaciones del cerebro para asumir este importante invento de la humanidad, quizá el más significativo de nuestra historia. Wolf nos habla de lo que ella llama “el cerebro lector” y su capacidad de rediseñarse y establecer nuevas conexiones para lograr el aprendizaje de nuevas habilidades que no son  innatas como lo son el habla o la visión, esta capacidad del cerebro de organizar rutas nuevas la llama “plasticidad”. Explica también la asombrosa capacidad de relacionar las letras (lo que ve) con los sonidos (lo que oye) y sus significados (lo que sabe) inmediatamente entran al cerebro. Nos dice que: “la visión y el habla están determinadas genéticamente, mientras que la lectura no” por tanto el cerebro sufre una organización enmarcada básicamente en tres aspectos, primero, establece diversas conexiones; segundo, crea áreas especializadas para la nueva función; y por último aprende y relaciona la información.

Antes de pasar a la parte más histórica, Wolf hace algunas observaciones con respecto al proceso de lectura a temprana edad, primero resalta que el proceso histórico tardo casi dos mil años y actualmente el niño tiene que aprender el dominio de la letra en aproximados dos mil días,  además dice que está demostrado que el aprendizaje empieza desde que se tiene el niño en brazos y se le lee;  y segundo, con respecto a la dislexia, es un problema que sorprende cada vez más dado que curiosamente grandes mentes como inventores, empresarios y artistas han padecido dicho mal y sin embargo han logrado ser hitos en sus áreas de conocimiento.

Adentrándose a los inicios históricos de la escritura, Wolf habla de tres manifestaciones, la primera, una nueva forma de representación simbólica; la segunda, la comprensión del hombre de que se puede utilizar un sistema de símbolos para comunicarse a través el tiempo; y la tercera, una manifestación que no se dio en todas partes, la correspondencia símbolo sonido.
Entre el 8000 y 4000 a. C. se utilizaron pequeños trozos de arcilla con marcas que representaron el primer esfuerzo por representar letras y cantidades, de hecho Wolf dice “el desarrollo de los números y de las letras estimuló tanto la economía antigua como las habilidades intelectuales de nuestros antepasados”, luego de este primer avance existió otro avance enmarcado en el sistema de escritura cuneiforme de los sumerios y su evolución hasta lograr ser un sistema que representaba silabas, y el sistema jeroglífico de los egipcios que evolucionó hasta ser un sistema mixto en el que no solo se veían signos logográficos sino signos especiales para los fonemas.

Luego del análisis sobre el origen de la escritura Wolf se dirige a un tema de más profundidad, el surgimiento de alfabeto, habla sobre las escrituras Wadi el-Hol encontradas en Egipto que pudo ser el primer alfabeto pero de él hay una escasez de escritos que dificulta un mejor análisis, por lo tanto fue el sistema ugarítico, posterior al Wadi el-Hol, el que ha sido el mejor candidato para ser el “primer alfabeto” por ser tanto silábico como alfabético. A raíz de los anteriores descubrimientos se ha llegado a la pregunta clave, ¿Qué crea un alfabeto? A lo que Eric Havelock establece tres criterios para la definición de alfabeto: que tenga un número limitado de letras o caracteres, que éstos logren expresar las unidades mínimas de sonido y que haya correspondencia entre cada fonema y cada signo del alfabeto.
Wolf continuando con el tema del alfabeto nos habla de tres supuestas contribuciones del alfabeto al cerebro y su forma de pensar:

La primera, dice que el alfabeto es más eficaz que los demás sistemas de escritura; se asume que la eficacia radica en la economía de caracteres, sin embargo, luego de algunas investigaciones se encuentra que los lectores chinos leen con igual fluidez teniendo que conocer miles de caracteres diferentes, todo gracias a las áreas del cerebro que se encargan de todo el proceso que claramente son diferentes de acuerdo al sistema de escritura.

La segunda contribución, el alfabeto es un mejor estímulo para las nuevas ideas, resulta que el estudioso Havelock en compañía del psicólogo David Olson plantearon que “al liberar a la gente del esfuerzo requerido por una tradición verbal, la eficacia del alfabeto estimuló el pensamiento novedoso ” sin embargo Wolf da una pequeña vuelta a esta hipótesis diciendo que no es el alfabeto el que logra la generación de ideas, sino que al poder acceder a las ideas de los demás, el hombre puede encubar muchas nuevas y en algunos casos mejores ideas.

La tercera contribución, el alfabeto facilita el aprendizaje de la lectura porque incrementa la conciencia del habla, aquí se muestra que el conocimiento, en principio complejo, de la lengua y su posibilidad de articularse en distintos fonemas genera una mayor posibilidad de comprensión del habla.
Además del análisis histórico e investigativo del alfabeto y la escritura en general, Wolf se aventuró un poco en la vida de un gran pensador, Sócrates, cuyos cuestionamientos son de gran importancia para tema del que estamos hablando; este filósofo Ateniense  planteó fundamentalmente tres objeciones hacia la lengua escrita:

La primera, la rigidez de la lengua escrita, Sócrates creía que el “discurso vivo” (lengua oral) se componía de entidades dinámicas como la entonación, el sonido, el ritmo, en general entidades que podían analizarse a profundidad y darles significado, y que el “discurso muerto” (lengua escrita) carecía de tales elementos que le daban identidad a lo que se decía y que por tanto “la rígida mudez de la palabra escrita condenaba al fracaso el proceso de diálogo que Sócrates considera la esencia de la educación”.

Su segunda objeción, la destrucción de la memoria, tal vez la predicción más acertada que pudo haber dicho este filósofo, lo cierto es que el lenguaje escrito da la posibilidad al hombre de olvidar cierta información con la certeza de encontrarla de nuevo “en la Guatemala moderna, los mayas comentan que los forasteros anotan cosas no para  recordarlas sino más bien  para no recordarlas”. (Nicholas Ostler) hecho que se hace más presente en la actualidad con la nueva “cybercultura” donde todo el mundo tiene acceso a un dispositivo móvil en el cual puede buscar información y olvidarla a los pocos segundos.
La tercera objeción de Sócrates, la pérdida de control sobre el lenguaje, “una vez que se difundiera el lenguaje escrito, no habría control sobre lo que se escribiera, quien lo leyera ni cuantos lectores pudieran interpretarlo”.

En la segunda parte  del libro, Maryanne Wolf da a conocer el proceso evidenciado que se da desde la infancia en torno a la lectura, el papel que desempeña generar interés en el niño a partir de textos que se leen en el hogar para que él pueda tener la iniciativa a temprana edad de leer sobre lo que le llame la atención. Wolf dice: “los niños pequeños aprenden a experimentar nuevos sentimientos por medio de su contacto con la lectura”, el periodo de la infancia plantea esta autora, es uno de los más importantes, ya que sienta las bases para el desarrollo de las habilidades cognitivas que un ser humano puede adquirir y qué mejor medio de aprendizaje socio cultural que el lenguaje propio que cada libro tiene para crear aprendizaje y enseñanzas a cualquier sujeto.

Cada niño aprende de manera similar a otros la habilidad de leer, esta no es innata al ser humano sino que viene siendo como dice la autora un proceso que inicia cuando el cerebro del hombre reconoce las formas e instala el alfabeto y sus fonemas como algo que es un patrón constante, luego reconoce y nombra los objetos, recursos mentales que utiliza el cerebro para conectar las áreas visuales a las áreas encargadas del lenguaje; Y es que, a pesar de que la lectura ha revolucionado la cultura de nuestra especie, la aptitud de nuestro cerebro para aprender a leer no viene de serie, no es un producto de la selección natural, tenemos que enseñarle a nuestra mente a traducir los caracteres simbólicos que ven nuestros ojos a un lenguaje que podemos entender.

Hoy en día nuestra cultura instaura cada vez más el afán innecesario de enseñarle a los niños a leer para que adelanten procesos de lectoescritura cuando no es necesario, Maryanne Wolf dice: “…esforzarse demasiado en enseñar a leer a un niño antes de los 4 o 5 años es biológicamente precipitado y potencialmente contraproducente en muchos casos”; se puede ver que ya los niños de las escuelas en nuestra ciudad entran a estudiar desde muy pequeños, no es prudente enseñarles a leer desde tan temprano sin tener un tiempo para que ellos tomen la iniciativa de hacerlo por si solos, y que es muy frecuente también, encontrarse con pequeños que han crecido con represión hacia los textos y esto les crea dificultades a la hora de leer cuando se es más adulto.

Una de las ideas principales de esta segunda parte del libro es que como seres humanos tendemos a estar en constante cambio, desde nuestro cerebro hasta la forma en cómo vivimos en esta cultura, a medida que el sujeto lee, el cerebro está en constante trasformación tanto a nivel social, como psicológico e intelectualmente. Aunque los escritores no tienen una tarea objetiva sobre lo que se quiere del lector, los escritos independientemente del tema que traten siempre tiene un impacto en los receptores y de igual manera promueven la cultura porque crean procesos de simbolismos.

Por otra parte la autora del texto nos habla sobre la carencia de las herramientas para el aprendizaje de la lectura y por ende de la escritura en algunas familias, esto lleva a que los niños tengan un bagaje léxico y crezcan carentes de conocimiento sobre el mundo.
Wolf en su libro nos muestra como muchos niños no aprenden a leer con fluidez por causa de algunos problemas como la dislexia.  En ocasiones son problemas desconocidos que no son tratados, precisamente por su desconocimiento.

“Durante los tres primeros cursos el niño aprende a leer y, en los siguientes, lee  para aprender”. Es lo que nos menciona Wolf resumiendo  el planteamiento sobre el porcentaje de los niños de nueve años que no aprenden a con fluidez.
El hecho de que los niños no aprendan a leer  totalmente puede atribuirse a que se desenvuelven en un entorno pobre de vocabulario y también a que tal vez tengan problemas que aún no se les han diagnosticado. Wolf dice que tener tanto porcentaje de niños “con un rendimiento por debajo de su capacidad es un terrible desperdicio de potencial humano”. A esto lo llama un “agujero negro”.

Wolf distingue a dos clases de lectores: el lector fluido y el lector experto. El primero es el que “acumula conocimiento y está preparado para aprender de cualquier fuente”. Para éstos, leer literatura fantástica es perfecto para su proceso de sumersión en el texto. Richard Vacca describe la transición de las capas superficiales del texto hasta dicha sumersión en él como el paso de “descifrador fluido” a “lector estratégico”. Éste es el lector que decide lo verdaderamente importante, saca conclusiones y corrige la mala interpretación del texto. Wolf establece que el cerebro lector fluido desarrolla más su capacidad para descifrar y comprender. Con el tiempo obtiene experiencia en otras habilidades que ayudan a desarrollar esa comprensión fluida.

El segundo, el lector experto, es el que tarda solo medio segundo en leer una palabra. El leer de forma experta, cambia la manera que tenemos de leer, la atención que ponemos a un texto, hacemos algunos aportes cognitivos e impacta nuestra experiencia vital. “Leer cambia nuestra vida y nuestra vida cambia la lectura” Escribe Wolf.

La interacción entre el texto y nuestras experiencias de vida son recíprocas, puesto que  aportamos al texto y el texto cambia nuestra experiencia vital.
Wolf concluye: “el final del desarrollo de la lectura no existe, la historia interminable de la lectura prosigue siempre, dejando que el ojo, la lengua, la palabra y el autor busque un nuevo lugar, desde el que la verdad surja, verde y lozana cambiado al cerebro lector y al lector en cada ocasión”.

domingo, 6 de mayo de 2012



ESCRIBIR, UNA TAREA QUE REQUIERE LEER.

En la primera parte de describir al escribir, el autor Daniel Cassany habla sobre dos temáticas: el  código oral y  el código escrito,  le dedica bastante a establecer diferencias entre los dos, haciendo sus propios argumentos y tomando en cuenta lo propuesto por otros autores como Krashen, entre otros; así pues también especifica con ejemplos comentados y hace un repaso del conjunto de conocimientos que un escritor necesita para trabajar, temáticas que hoy en día se hacen difícil de entender a los jóvenes, ya que el proceso de escritura y de lenguaje oral se hace mas ordinario e informal por la influencia de varios medios como el internet, que aparte de brindar bastante información, facilita muchas veces la escritura informal, tanto que a veces ya nos da pereza escribir textos en borrador para luego ser corregidos, problema que propone el autor, ya que siempre nos hacemos a la idea de que con nuestro saberes previos escribimos lo suficientemente bien, sin revisar lo que hemos producido y fijarnos en la comprensión que damos al que próximamente va a ser el lector. Cassany nos dice que aprendemos a escribir escribiendo y leyendo principalmente, cosa que la mediocridad de nuestras generaciones toma con menor relevancia, incluso ni nos fijamos en como adquirimos el código escrito y oral, lo hacemos y punto.
Cassany concluye con esta primera parte que el escritor debe interiorizar las propiedades que tienen los textos y como estas hacen posible una buena redacción y comprensibilidad, que hoy como futuros comunicadores, debemos tener en cuenta, debemos tener aprehendidos los conocimientos tradicionales de gramática e incluir las reglas de formación de textos. Y también debemos saber que el código oral es tan importante como el escrito, estos dos, siendo diferentes en algunas cosas se complementan y son necesarios para todos, para adquirir ambos códigos.
“…pero si bien, es cierto que todos los escritores suelen ser buenos lectores, no todos los lectores son necesariamente buenos escritores…”; esta frase que hace parte de la segunda parte del libro de Cassany, resume toda la idea que nos quiere exponer inicialmente, que hay una variedad de conocimientos que un escritor competente debe tener, y estos solo se encuentran leyendo textos de otros autores, de esta manera se puede afirmar que la mayoría de los escritores han tenido procesos de lectura permanentes.
El autor se basa en una de las ideas de Frank Smith, que al tener una constante lectura de textos de otros escritores, se adquieren conocimientos lingüísticos, necesarios para escribir. También se habla de otra de sus ideas, que es el aprendizaje espontáneo, éste se da inconscientemente y sin esfuerzo, ahora bien se habla de que la lectura es una de las mas importantes y viables formas de aprendizaje en la actualidad, por que ya no es necesario aprenderse unas reglas gramaticales de un diccionario de ortografía, sino que cada individuo adquiera estos aprendizajes de forma espontanea con una constante lectura y escritura, teniendo siempre referentes de otros autores.
Cassany, para poder darse a entender con la idea de cómo leer como escritores, se basa intermitentemente en la idea que Smith plantea, que cada escritor, al momento de estar leyendo, debe actuar como emisor, tener la motivación suficiente de querer aprender a escribir como el autor, para querer participar al grupo de personas que escriben este tipo de textos y por consiguiente, escribir como escritores. Por el contrario, cuando leemos como receptores, nos negamos a las oportunidades de adquisición y aprendizajes que nos brinda el autor, como actualmente, que cuando se asigna un texto a leer, nos centramos en entender solamente lo que dice la información de texto,  nos negamos a disfrutar muchas veces de los disfrutes que el escrito quiere para nosotros, así suele pasar, que leemos mucho y escribimos poco, porque cuando leemos nos convertimos en simples receptores, entonces, a la hora de escribir, no tenemos suficientes referentes y no hacemos buenos escritos.
Cassany, cita a Krashen para abordar las diferencias entre adquisición y aprendizaje, la primera con más poder que la otra, ya que ésta se da inconscientemente, desde que somos niños comenzamos con el procesos de adquisición, cuando se aprenden las primeras palabras, cuando iniciamos el proceso de escritura, lo hacemos básicamente de los saberes que hemos adquirido para después utilizar los aprendizajes y reflexionar sobre algo en especifico, ya sea en el código oral o el escrito, y corregir lo que ya se ha adquirido.
Podemos  decir por ultimo que hoy se muestra  como necesario una buena lectura, con interés hacia ella, convirtiendo esta lectura suficiente y grata para que se tengamos procesos de adquisición automáticamente de todas la reglas gramaticales y textuales, conocimientos que luego debemos poder en manos de el aprendizaje, para ser corregidos a la hora de escribir, y que luego con bastante practica de los mismos, lo lleguemos a hacer de manera natural, teniendo en cuenta también que debemos tener soportes teóricos, referentes textuales para una buena escritura, fijándonos bien en el proceso de desarrollo de textos que muchas de las personas que nos rodean nos pueden facilitar. Se puede afirmar que  escribir es una actividad compleja que requiere tiempo dedicación y paciencia.

¡la cur!os¡dad nos deja

absortos en la lectura, 

déjate llevar!