“ECHAMOS DE MENOS NUESTRO VIEJO CEREBRO”
Como seres humanos tenemos la capacidad de crear,
en parte, la civilización es ahora el resultado de todas las tecnologías que
utilizamos, éstas ayudan bastante en nuestro diario vivir, pero siempre que
aparece una nueva tecnología quedamos absorbidos por ella.
Todas las herramientas que hemos puesto a nuestra
disposición, las hemos escogido para buscar ampliar nuestro poder sobre lo que
nos rodea, unas para aumentar nuestra fuerza y resistencia físicas, otras para
extender el alcance o sensibilidad de nuestros sentidos, también hemos
utilizado herramientas para remodelar la naturaleza y así satisfacer mejor nuestras
necesidades y deseos, por último también están las “tecnologías intelectuales”
que incluyen toda herramienta que utilizamos para ampliar nuestra capacidad
mental y la capacidad de memoria.
Todas las tecnologías así como las herramientas
que hemos desarrollado, han cambiado nuestro cerebro y han influido en gran
medida sobre qué y cómo pensamos hoy en día.
Tenemos al alcance de nuestras manos
información de todo tipo, el internet como dice Nicholas Carr nos ha
proporcionado un banquete, “un plato tras otro, cada uno más apetecible que el
anterior, sin apenas recuperar el aliento entre bocado y bocado”. Estamos
acostumbrados ya a esperar lo nuevo que vendrá de la tecnología digital, surgen
las ansias en los consumidores de encontrar cada vez más facilidad de navegar y
encontrar aplicaciones que ahorran aún más acciones que el hombre quiere volver
más sencillas.
“Ahora mi concentración empieza a disiparse
después de una página o dos”, dice Carr en su obra, haciendo referencia a cómo
nuestra sociedad se ha limitado a hacer muchas de las cosas que se hacían en lugares
como las bibliotecas, como leer de corrido varios libros sin ningún pretexto,
aunque existía la dificultad de no encontrar todos los libros que se
necesitaban, cada persona se adentraba a los libros y los devoraba de tal
manera que no le quedaba otra opción más que leerlos. Nos hemos acostumbrado hoy
a leer mucho pero con poca extensión, nos surge la necesidad de leer de todo
tipo de temas y eso enriquece nuestra inteligencia, pero hoy es difícil
concentrarse en leer una sola cosa por mucho tiempo en un ordenador, la Web se
ha convertido en el medio de información y comunicación preferido por las
personas y es éste mismo el que nos distrae.
El autor de este libro, da a entender en
esta primera parte que nuestro cerebro se ha ido modificando con el desarrollo
de las herramientas que hemos adecuado a nuestro estilo de vida, nuestro
cerebro está cada vez más atento a recibir nueva información porque así lo
hemos acostumbrado con la internet, a actualizarlo cada día, es un “procesador
de información”.
Nuestro cerebro es una máquina potente, que
tiene la capacidad de ser moldeado y es capaz de autorregularse, todos nuestros
circuitos neuronales, ya sea que se ocupen de sentir, ver, oír, moverse,
pensar, aprender, percibir o recordar, están sometidos a cambios; podemos
pensar que como seres que hemos evolucionado, hemos cambiado nuestras maneras
de ver el mundo dependiendo de la época, ahora con todo lo que podemos hacer,
es menos lo que hacemos y más los malentendidos que se han creado respecto a
cómo vivimos y como hemos tomado poder de muchas de las cosas que no deberíamos
concebir como nuestras, hemos dispersado los fines de las herramientas que se
han desarrollado y hemos olvidado cómo ha sido nuestro desarrollo, ¿será que
hoy podemos hablar de una evolución del hombre?.
Nuestro cerebro, como demuestran las evidencias
científicas e históricas, cambia en respuesta a nuestras experiencias, y la
tecnología que usamos para encontrar, almacenar y compartir información puede,
literalmente, alterar nuestros procesos neuronales. Además, cada tecnología de
la información conlleva una ética intelectual. Así como el libro impreso servía
para centrar nuestra atención, fomentando el pensamiento profundo y creativo,
Internet fomenta el picoteo rápido y distraído de pequeños fragmentos de
información de muchas fuentes. Su ética es una ética industrial, de la
velocidad y la eficiencia.
nos muestra la historia de cómo ha trascendido y atravesado el libro
por varias transformaciones, desde sus inicios, hasta lo más actual para llegar
a ser lo que es hoy en día, tanto el libro en físico como un libro online. Cabe añadir a esto que nuestros antecesores
trataron de derrocar al libro de mil maneras y aun con toda la innovación que
aparecía y sigue apareciendo actualmente y lo único que ha resultado de ello,
son intentos fallidos. Aunque la tecnología ahora nos rodee y esté con nosotros
en todas partes, las mayoría de los lectores habituales prefieren leerse un
libro como tal (lomo, pasta, hojas) que leerse un libro online; de alguna
manera esto se nos complica debido a que en los en estos sitios web, donde se
dispone del libro, hay muchas distracciones y no logramos colocar toda nuestra
atención en él como lo es habitual.
Partiendo de todo lo que implica esta era digital, nos encontramos también
un aspecto interesante que caracteriza mucho al ser humano de hoy y de su vida
como tal, que es el tener que vivir realizando muchas tareas al mismo tiempo.
Carr en su libro hace referencia a algunos experimentos realizados que nos
confirman que estar haciendo varias cosas a la vez no nos hace más
inteligentes, ni tampoco facilita que hagamos cada cosa con eficiencia e
incluso nuestro nivel de concentración es muy bajo.
Al estar tan digitalizados y abiertos a lo nuevo, a la innovación, no nos
damos cuenta de todo el tiempo que perdemos empleando todas estas nuevas
tecnologías. Nos hemos sumergido por completo en este mundo y ahora los
momentos en los que leíamos un libro, un artículo en el periódico, o
simplemente los pasábamos con nuestra familia, un sinfín de actividades que
solíamos hacer y que considero, valen la pena, se han reemplazado por algunas
horas “desconectados” del mundo, de lo que hay afuera y también de lo que hay
adentro.
Que tan malo puede llegar a ser apoyarnos en la web para evitar
retener tanta información en nuestra memoria, lo cierto es, que a pesar de que
Sócrates se preocupara tanto por eso, algo que nunca pudo proyectar en su
mente, es que al tener información flotando escrita por todas partes, nosotros
solo nos tenemos que preocupar por recordar donde encontrarla y esto representa
una gran ventaja a la hora de adquirir conocimiento y poder tener más y mejores
ideas y opiniones.
Sin embargo este mundo del
conocimiento flotante en la web no es del todo perfecto, es más bien un sueño
utópico; lo que ocurre dentro de nuestro cerebro y que nos diferencia con la
inteligencia artificial, es que la información que nos llega tiene que ser
recogida y asimilada con cierto tiempo de espera para su procesamiento,
mientras que en la inteligencia artificial simplemente se recoge y guarda
información, el asunto con esto es que cuando no damos tiempo al cerebro para
asimilar la información, esta, es fácilmente remplazada por otra que llega
inmediatamente, “la clave para la consolidación de la memoria es la atención”;
y ahí, señoras y señores, está el problema de la web, ésta no permite que
nuestra atención se enfoque en un solo punto, sino que nos mantiene de salto en
salto y con innumerables distractores que hace que la información “entre por un
oído y salga por el otro”, como nos decían nuestras madres.
El reto queda en reconocer que
las tecnologías como todo, tiene pros y contras, y que toda herramienta es y
será siempre un objeto útil, pero el exceso y la dependencia puede convertirlas
en armas fácilmente y el internet en especial puede atentar contra nuestras
mentes y convertirnos en “superficiales”.

